FSM America

Mauricio Báez y el movimiento obrero

Santo Domingo, D.N. Rep. Dominicana
Efraín Sánchez Soriano / Movimiento de Trabajadores Independientes MTI

Compañeras y  compañeros:

Al conmemorarse el 62 aniversario de la desaparición y muerte en  La Habana, Cuba,  del gran líder obrero Mauricio Báez, por orden del tirano Rafael Trujillo, un grupo de dirigentes y militantes del movimiento social de diversas áreas hemos querido contribuir con el conocimiento de la vida del precursor del sindicalismo clasista dominicano.
Mauricio Báez nació en Palenque, San Cristóbal,  y siendo muy joven se trasladó a la región este,  trabajando en los ingenios Cristóbal Colón, Angelina y Santa Fe.  Sus actividades clasistas comenzaron cuando todavía dar pasos por la organización obrera constituía un peligro.  En 1936, comprendiendo la importancia de la prensa escrita como instrumento de lucha de la clase obrera para la denuncia y la propaganda, Mauricio fundó junto a su primo Antonio Báez el periódico El Combate, pero las divergencias con su primo sobre la orientación que deberían dar al periódico, lo llevó a fundar en 1945 El Federado, primer periódico genuinamente obrero publicado en ese entonces, editado quincenalmente bajo la dirección del propio Mauricio, convirtiéndose en el vocero de la federación de trabajadores de la región Este.
Desde comienzos de los 40, Mauricio Báez, Justino del Orbe, Teódulo Guerrero Montás, José Antonio Féliz, Juan Niemen h Nando Hernández y otros luchadores, comprendiendo la necesidad de estrechar los vínculos con los obreros de los ingenios azucareros de la región Este, y con dirigentes obreros de otras regiones del país, así como con el movimiento clandestino de resistencia a la dictadura trujillista, lográndose con ello el desarrollo y fortalecimiento del movimiento sindical.
El control y la mediatización de3l movimiento obrero por la tiranía se mantuvo en los años 44 y 45 y ello a pesar de que la dictadura, cediendo a la presión internacional, había aprobado cuatro convenios internacionales de la Organización Internacional del Trabajo OIT, que formal y aparentemente favorecían a la clase obrera dominicano, cuyo cumplimiento jamás permitió Trujillo, tanto así que en 1942 un intento de huelga azucarera en La Romana fue sofocada por el ejército, igual que otro intento en 1945, antes de comenzar la zafra de ese año, abortado por la terrible represión del régimen.
Sin embargo, los años 1944 y 1945 fueron cruciales en la historia del movimiento obrero, tanto por las conquistas logradas como por el grado de organización, combatividad, liderazgo y concientización de la clase obrera de entones alcanzados como resultado principalmente  de las luchas reivindicativas de los trabajadores azucareros, y en las que jugaron un papel fundamental los dirigentes de la Federación de San Pedro de Macorís bajo la conducción de Mauricio Báez, Justino del Orbe y otros, así como los de la federación provincial de La Romana bajo la dirección de Nando Hernández y Manuel Tuma, con la colaboración de refugiados españoles.  
Cabe señalar que junto al fortalecimiento del movimiento obrero también crecía tanto en lo organizativo como en lo político e ideológico el movimiento de resistencia interna contra la dictadura, en la que participaron algunos líderes sindicales, destacándose entre ellos la figura de Mauricio Báez, quien ya para esa fecha había comprendido que la clase obrera debía jugar un papel decisivo en el derrocamiento de la dictadura y la conquista de un régimen democrático en la República Dominicana.
Los logros y el fortalecimiento del movimiento, paralelos al desarrollo del movimiento clandestino de resistencia interna y la situación internacional desfavorable a la dictadura crearon las condiciones para el estallido de la gran huelga de los trabajadores azucareros del Este en Enero de 1946, la cual se inició en los ingenios de La Romana y se extendió simultáneamente a los de San Pedro de Macorís, manteniéndose durante dos semanas y logrando arrancarle a las empresas azucareras y a la dictadura algunas reivindicaciones fundamentales, entre ellas nueva tarifas salariales con más de un 100% de aumento.
La huelga azucarera de 1946  fue el acontecimiento más extraordinario del movimiento obrero dominicano de la época, estremeció a la dictadura, la cual no se atrevió a reprimirla a sangre fuego como había acontecido con anterioridad,  aunque en los días subsiguientes a la misma varios  dirigentes sindicales fueron asesinados, entre ellos Emeterio Dickson (Blanquita) y Luis Rafael Quezada (Negrito), de La Romana.
Un día después de iniciada la huelga en La Romana, Mauricio fue hecho preso en el Ingenio Consuelo por órdenes personales del administrador general, Sr. Kilbourg  con la acusación de violar la propiedad privada y agitar a los trabajadores del ingenio, pero fue puesto en libertad la misma noche.  Amenazado de muerte,  Mauricio se asila en la embajada de México, y su compañero Nando Hernández días después, llegando finalmente a La Habana, donde fueron recibidos por la CTC, desde donde siguieron  denunciando la opresión trujillista y demando solidaridad internacional para el pueblo dominicano, gracias a la cual Mauricio pudo regresar al país y reintegrarse a la organización del congreso obrero que tendría lugar el 24 de Septiembre de 1946 y participar en la lucha política como dirigente y fundador del Partido Socialista Popular PSP.
La apertura del congreso obrero estuvo precedida de una intensa campaña en todo el territorio nacional con mítines, reuniones, asambleas, donde se anunciaban las demandas sindicales y denuncias políticas, en los que la voz de Mauricio Báez retumbaba reclamando los derechos de la clase obrera y las demandas políticas de toda la nación dominicana.  La estatura de Mauricio, su dimensión moral y política como combatiente antitrujillista alcanzó la dimensión de un prócer nacional. Terminado el congreso obrero, sus resoluciones y acuerdos fueron desconocidos y burlados por la dictadura, iniciándose de inmediato o una oleada represiva de terror masivo y de persecución a dirigentes sindicales y opositores políticos al régimen.
En el marco de esa situación, el PSP, que ya había salido a la lucha política en Agosto de 1946, se mantiene en las calles combatiendo al régimen dictatorial, se celebran manifestaciones populares, circula el periódico El Popular, se demandan los derechos democráticos del pueblo, y la impostergable necesidad de los cambios políticos.  La represión desatada se acrecienta en los primeros meses de 1947 y se liquidan las posibilidades de continuar la lucha partidaria en el marco legal con un mínimo de garantías democráticas.  En esas condiciones, Mauricio Báez, Dato Pagán Perdomo, José Puello Ortiz, Víctor Manuel Ortiz y otros luchadores democráticos se asilan en la embajada de México. Mauricio Llega a la Habana en su segundo exilio con los demás compañeros.   
En La Habana Mauricio y los demás compañeros continúan la lucha contra el régimen trujillista y se incorporan a la expedición de Cayo Confites, que a partir de Julio 1947 organizaba Juancito Rodríguez.  Frustrada la expedición, Mauricio se mantiene como combatiente en La Habana por los derechos del pueblo dominicano y los intereses de la clase obrera.
En diciembre de 1950, viviendo en una modesta casa en el Reparto Sevillano, Mauricio fue secuestrado y desaparecido por sicarios al servicio de Rafael Trujillo.  El exilio dominicano y  sus amigos más fieles movieron cielo y tierra para esclarecer el crimen e identificar a los culpables, pero todo fue y sigue siendo en vano. Mauricio desapareció para siempre. La dictadura no sólo le arrebató su propia vida, sino que años después, en 1959, asesinó a dos de sus  hijos, Pedrito Ramón de 28 años y Federico Oscar de 26, los cuales desaparecieron en Santo Domingo el mismo año, por orden de Trujillo. Mirita Mueses era su madre, con quien Mauricio procreó además a Olga y María Celeste.  Con Mercedes Crispín en un segundo matrimonio tuvo a Porfirio Antonio y María Cristina.
Mauricio Báez no es sólo un mártir antitrujillista de las luchas del proletariado dominicano y de las fuerzas democráticas de nuestro país. Su vida debe ser ejemplo luminoso para los hombres y mujeres que en nuestro país luchan aún por la liberación social y nacional. Por ello, todos los dominicanos debemos honrar su memoria.
           
Ahora permítaseme hacer un esbozo de la situación sindical dominicana actual. Inicio diciendo que la lucha titánica de Mauricio Báez me refiere a la cita de Carlos Marx cuando decía “Los sindicatos deben convencer al mundo entero de que no luchan por simples intereses personales, sino por a liberación de millones de hombres oprimidos”.  Mauricio Báez demostró que la creación de los sindicatos no es un regalo de los burgueses, de su generosidad, sino que es el resultado de la lucha consecuente del proletariado. El punto de vista de los ideólogos de la burguesía, según el cual el movimiento sindical habría nacido como un instrumento de colaboración de la clase obrera con el capitalismo pretendiendo con esto despojar al régimen capitalista de su carácter de clase. Por el contrario, los sindicatos han asumido desde sus orígenes la lucha contra la explotación capitalista, primero de forma espontánea como lo hizo Mauricio, y luego con conciencia de clase considerando como una traición la colaboración de clase.
El sindicalismo no puede perpetuarse como movimiento portador del futuro si limita su visión a la defensa de los intereses específicos de los asalariados como está sucediendo en nuestro país.  Muchos sindicatos han degenerado en una especie de seguro mutuo de grupos restringidos y privilegiados de trabajadores formales y permanentes. Como éstos se dan como única tarea la defensa de sus intereses inmediatos y específicos, han degenerado en una fuerza neo corporativa y conservadora.
La tarea principal de los dirigentes sindicales clasistas es la de contribuir a un verdadero desarrollo del movimiento sindical en tanto que portador de un nuevo orden social y como actores claves de transformación de la sociedad, debiendo ampliar con mayor claridad que en el pasado la estricta defensa de los trabajadores en tanto que tales en sus centros de trabajo.  De lo que se trata es de ir mas allá de un sindicalismo tradicional que no da respuesta a la ofensiva de los patronos, del gobierno y las transnacionales, y que por el contrario debe asumir la defensa y la representación de los más débiles y desprotegidos, que en nuestro país constituyen la mayoría del pueblo trabajador.  Se apunta a un reencuentro de fondo del sindicalismo con la lucha por la justicia social para todos los trabajadores y al mismo tiempo practicar nuevos conceptos de la solidaridad.  Se plantea para la realidad nuestra construir un movimiento sindical tipo social con capacidad de solidarizarse orgánicamente con los demás sectores marginados y explotados.  Aquí se encuentra uno de los puntos clave para a innovación del sindicalismo de clase.

En nuestro país la mayoría de los trabajadores se encuentran desprotegidos y fuera de toda cobertura y representación sindical.  En las zonas francas no existen sindicatos reales.  En el sector público muy pocos. En el comercio y las comunicaciones no existen. En las grandes empresas de la construcción tampoco. Los migrantes haitianos, cuyo número aumenta cada día, tampoco tienen ningún tipo de organización y protección legal.  Las personas de la tercera edad están la mayoría desprotegidas.
El movimiento sindical en nuestro país sigue limitado a las áreas de trabajadores de la economía formal con relaciones de dependencia con empresas o centros del ámbito público y privado, pero beneficiando sólo a una pequeña parte de aquellos.  El porcentaje de trabajadores organizados en todo es de alrededor de un 5%, constatando que en los últimos años la Cnus, la Cntd y la Casc han sufrido serias bajas de su membresía por distintas razones, principalmente a causa de la privatización de las empresas estatales, del anarquismo y sobrepasamiento de dirigentes y líderes sindicales y la renuncia de otros tantos a la lucha reivindicativa y social.  Esto obliga a revisar y renovar completamente los contenidos y la forma del sindicalismo tradicional y moverse hacia un tipo de movimiento social amplio de todos los trabajadores, uniendo orgánicamente las distintas situaciones, problemas y formas de organización y acción en un solo movimiento bajo una clara unidad de conceptos y objetivos, en un proceso que marcará al movimiento sindical de este siglo.
Estos son algunos de los elementos y factores que presenta el actual escenario sindical y algunas de sus evoluciones para el futuro inmediato. Tenemos un reto crucial: El movimiento sindical de clase está obligado a renovarse profundamente e insertarse en este mundo globalizado o morir.   En efecto, quienes quieran seguir haciendo más de lo mismo no tendrán larga vida en esta nueva configuración política, cultural y social.

Efraín Sánchez Soriano
Por el Movimiento de Trabajadores Independientes MTI
Santo Domingo, D.N. Rep. Dominicana
Octubre 4 de 2012

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